El amigo del muerto
Bajo un sol hambreado, la nostalgia de algo, rodeaba nada, y el desplazamiento, imperceptible a otros ojos que los míos, descubría una suerte monstruosa aullando; acaso una forma de hombre, sometida a una conciencia delirante, empañaba el fondo inacabable y amarillo.
No hay, además, ninguna proyección de sombra, más que la de grandes dunas superpuestas. El débil aliento de la tarde sube mientras el escandaloso brillo del sol blande esas púas asquerosas.
Debí haber sido yo, claro que sí, lo sé. Pero no haré penitencias. La memoria no es tan dura, no es tan fuerte ni tan imposible como se cree. La gente se empeña románticamente en volver. La gente proyecta, y sueña con grandes caminos, con millares de encuentros todos distintos, con pobladas ausencias y accesos a fatalidades grandiosas. La gente enfila, soñando, grandes pasajes de vida mentida.
- Salgamos Clay
- ¿Salir a dónde?
- Abandonemos éste desierto, escondámonos del sol.
- ¿Detrás del viento?
- Te burlas
- Ni siquiera
- ¿Quieres seguir aquí? ¿en este infierno? ¿sin una medida?
- Ya no importa qué quiero, tampoco importa qué quieras vos.
- No hay valor en todo esto Clay
Perseo se envolvía en un manto de niebla para perseguir a los monstruos. Nosotros nos tapamos con nuestro embozo de niebla los oídos y los ojos para no ver ni oír las monstruosidades, y así poder negarlas.
- Vamos Clay, aún hay oportunidad
- Yo si la tengo, si no te sigo.
- ¿Qué estás diciendo?
- No quiero seguirte amigo, ve tú por tú cuenta.
- Temo que no podría sobrevivir sólo en éste desierto amigo.
- Es verdad, no podrías sobrevivir.
- Pero si vamos juntos Clay, entonces tendremos oportunidad, en algún momento saldremos, aparecerá un beduino y nos ayudará. Y si no quiere ayudarnos, si pretende tomarnos por esclavos, aún eso nos salvaría. Pero despreocúpate Clay, estaremos agazapados, aguardando el momento, atentos al menor descuido, y entonces, sin dudarlo, nos aventaremos sobre el beduino. Ellos siempre viajan sólos Clay. A pesar de que somos más débiles, nuestra rabia bastará, caeremos sobre él rápidamente, no tendrá tiempo de defenderse, le enterraremos un cuchillo y el pobre sólo podrá rendirse.
- No vendrá ningún beduino a salvarte amigo.
- ¿De qué hablas? No digas eso! No puedes rendirte tan pronto! Todavía hay esperanzas.
- Si no viene aquel hombre, si ése a quien quieres condenar, no pasa a menos de cien metros de nosotros, a menos de cien metros en éste interminable mar, entonces, uno de nosotros matará al otro.
- Yo no sería capaz Clay! ni pensarlo!
- Lo sé.

Comentarios
Publicar un comentario