Sobre Henry David Thoreau y sus Cartas a un buscador de sí mismo.
En marzo de 1848 Harrison Blake escribe por primera vez a H. D. Thoreau para solicitar su consejo y su orientación hacia una vida más verdadera.
Harrison Blake era un año mayor que
Thoreau. Ambos estudiaron en Harvard sin conocerse. Blake estudió Teología y fue
primero sacerdote y después docente y discípulo, de Emerson, quién, también fue
sacerdote, y también colgó los hábitos y también creía que ser hombre era mucho
más importante y más valioso que ser sacerdote.
Blake visitaba a Emerson en Concord y
conversaban de teología, de política, de literatura, y de otras supersticiones.
Fue en una de esas tardes, de alrededor de 1845, en casa de Emerson, cuando
Blake se encontró con Thoreau. Cuenta Blake que se habló de astronomía, pero
Thoreau no habló mucho y cuando le preguntaron contestó: "Estoy mucho más
interesado en los estudios que tienen que ver con este planeta". Al final
de la tarde Thoreau comentó que tenía ganas de construirse una cabaña en los bosques
cercanos a Concord, para vivir sus años alejado de la sociedad. Blake le
preguntó si no echaría de menos a sus amigos. Y Thoreau contestó: "No, yo
no soy nada". Esta respuesta marcó a Blake y la recordará más tarde,
memorable, llena de recursos, capaz de expresar un equilibrio y una fe en el
universo casi inconcebibles, al punto de cambiar de maestro. ¿Y cómo no
hacerlo?
Aun cuando dicen que no podría haber
Thoreau sin Emerson ni Walden sin Nature. Imagínense a Emerson, afeitado y
repeinado; a Thoreau, barbudo y despeinado; Emerson blanco como una servilleta,
Thoreau oscuro y esquivo como un campesino; Emerson elegante a cualquier hora,
Thoreau orgulloso de ser el primer hombre de Concord que vistió gruesos
pantalones de pana; Emerson madrugando y aseándose con un jarro de porcelana,
Thoreau madrugando y bañándose en el río o entre las placas de hielo de la
laguna; Emerson durante tanto tiempo pastor de la Iglesia unitaria, Thoreau
alejado siempre de todos los templos; Emerson predicando la autonomía
individual y el propio juicio por encima de cualquier autoridad, Thoreau
durmiendo en la cárcel por negarse a servir a un Estado asesino; Emerson
recorriendo Europa para forjar su carrera como filósofo, Thoreau recorriendo
los bosques para ser feliz; Emerson censurando un ensayo de Thoreau, cambiando
'copulación' por 'matrimonio', Thoreau muerto, o vivo y escribiendo sus últimas
palabras: indio, alce.
Thoreau murió el 6 de mayo de 1862, a las
nueve de la mañana, debido al progresivo empeoramiento de una tuberculosis, que
en los últimos meses de su vida lo obligó a confinarse en su habitación y a
guardar cama. Tenía cuarenta y cuatro años. En la minúscula lápida de su tumba,
una única palabra: HENRY.
Tres décadas más tarde, luego de la muerte
de su hermana Sophia, Harrison Blake heredó todos los volúmenes del diario de
Thoreau, incluida su propia correspondencia con él. De esta correspondencia,
sostenida durante trece años, voy a hablar un poco.
Thoreau abre la primera carta diciendo que
el valor de la literatura está simplemente en creer que cuando un hombre se
dirige a otro no lo hace en un ejercicio fútil.
Thoreau cree verdaderamente en una
correspondencia entre la vida exterior y la vida interior; así como en la
posibilidad de vivir una vida virtuosa permanentemente inadvertida por los
demás. De acuerdo con él, vivir una vida plena, lo que se dice vivir genuinamente,
es como viajar a un país lejano en donde nos encontremos progresivamente
rodeados por nuevos escenarios y por nuevas músicas y deportes y por nuevas
guerras y estímulos y hombres, que tienden a envejecer con la misma prisa e
intensidad con la que opera el miedo, tal y como nosotros, envejecidos, y
nuestra percepción, de nosotros y de los países, envejece con prisa con
intensidad y con miedo.
De acuerdo con Thoreau el exterior es solo
la representación del interior. Los hábitos no esconden a los hombres, los
muestran; son sus auténticos vestidos, y no hay circunstancias tan rígidas e
inflexibles como sus hábitos. La vida nace, crece y se derrama mientras los
hombres intentan revivir patéticamente lo viejo y lo soportan y lo estiman y le
temen.
"Creo firmemente en la
simplicidad", dice Thoreau, y luego: "Es asombroso y triste ver cómo
incluso los hombres más sabios pasan sus días ocupados en asuntos triviales que
creen que han de atender, en detrimento de otros asuntos más importantes que
creen que es su deber omitir [...] Conozco a muchos a los que es difícil
engañar cuando se trata de asuntos comunes, muy desconfiados, que disponen
responsablemente de su dinero y saben cómo gastarlo, que disfrutan fama de
prudentes y cautelosos, y que, no obstante, aceptan vivir gran parte de su
existencia tras un mostrador, como cajeros de un banco, oxidándose hasta
desaparecer.
¿Por qué demonios lo hacen? pregunta
Thoreau, y continúa:
"Esta vida, nuestra respetable vida
diaria, sobre la cual se halla tan bien plantado el hombre de buen sentido, y
sobre la que descansan nuestras instituciones, no es más que un delirio, que se
desvanecerá como el edificio sin cimientos de una visión y sin embargo, un
minúsculo resplandor de realidad que a veces ilumina la oscuridad de los días
de todos los hombres nos revela algo más consistente y perdurable que el
diamante, la piedra angular del mundo [...] ¿Habéis tenido noticia de algún
hombre que haya luchado durante toda su vida por algo, y que de algún modo no
lo lograra? Un hombre que aspira a algo sin descanso, ¿no se siente ya elevado?
¿Quién que haya intentado el acto más simple de heroísmo, de magnanimidad, o
buscado la verdad y la sinceridad, no halló algo que mereciese la pena? ¿Quién
podría decir que esta es una empresa vana? ¡Cuántos buenos pensamientos ha
concebido cada ser humano! ¡Y qué pocos pensamientos buenos se expresan!"
El consejo de Thoreau es simple y siempre
parece ser el mismo y, como la música o la poesía, fácil o imposible:
"Haga lo que ame, persista en ello". Estúdiese, apréndase, y no sea
demasiado moral, éso sería como hacerse trampas. No vaya a creer usted que
puede ser simplemente bueno, sea bueno por algo. En aquello que más le importe,
dice Thoreau, no piense que tiene compañeros de viaje. Dese cuenta de que, ahí,
está solo en el mundo.
Para concluir, dice Thoreau:
"Si no podemos cantar a la fe y a los
triunfos, lo haremos a nuestra desesperación. Seremos esa clase de pájaro.
Existen búhos diurnos y búhos nocturnos, y cada uno es bello e incluso musical
en tanto se ocupe de su propio cometido...
Tanto si el hombre pasa los días en
éxtasis o abatido, debe esforzarse por realizar alguna obra que sirva de
testimonio, tal como la carne y los huesos dan testimonio de él. Estamos por
encima de la dicha que experimentamos...
Hemos de convertir con valor nuestro
fracaso en tragedia, por la seriedad y la firmeza de nuestro intento, dado que
no existe otra manera del éxito."

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