La tormenta perfecta
Moreno sabía que cuando terminara de escribir iba a morir. Cuando todavía era muy joven ya pudo saborear el señuelo, ahora sólo traía el anzuelo destrozándole la boca. Ahora sólo sorbía su sangre pacientemente. Esperaba. Dilataba el final. Se reía luego, tontamente. Sentado en la esquina de un escritorio viejo, escondido bajo una frazada de polvo desde 1984 . Escribió hace mucho tiempo con un cuchillo una cita de Dumas sobre aquella mesa. La observaba y reía de nuevo, ensimismado. “La vida es un rosario de pequeñas miserias que el filósofo desgrana riendo” Athos. No, la vida es otra cosa. La vida es el cebo. ¿La muerte? La muerte es la caña. Pensaba entonces en la posibilidad de un pescador que sostuviera esa caña. Reía de nuevo. La lluvia no cesaba de caer, señal de que estaba viva. El viento hacía aplaudir a las persianas destartaladas. La casa era un sonajero. El agua entraba por los orificios de la puerta, misteriosamente el techo tenía bien puestos los parches. Si ponías aten...